sábado, 17 de julio de 2010

Prólogo


¿Porqué prefiero el conocer al conocimiento?
¿No está siempre lo desconocido dentro de lo conocido?
¿No se tratará de conocer lo que se desconoce?
¿No será el arte una necesidad hermosa y difícil, que nos conduce a tratar de hacer lo que no sabemos hacer?
¿No será esta necesidad prueba de que el hombre no se considera terminado?

Eduardo Chillida, Escritos.







¿Abres los ojos? ¿Estas acostumbrado a abrir los ojos? ¿Sabes abrir los ojos, los abres a menudo, siempre y bien?

¿Qué es lo que miras cuando vas por la ciudad?”





Le Corbusier,



Precisiones.









Mirar, ver, divisar, escrutar, examinar, admirar, contemplar, avistar, observar, y también custodiar, vigilar, considerar, valorar y finalmente reconocerse: todo se hace con la mirada. Pero esta mirada puede ser activa o pasiva. Puedo quedarme quieto y lo que contemplo, admiro o examino será aquello de lo que yo no formo parte, o bien, puedo echarme a andar y puede suceder que me vea implicado en lo que hasta entonces observaba. Lo cierto es que estamos ante eventos y sucesos que intentan hablar de la realidad, registrar experiencias, marcas, trazas y huellas. Esto estará siempre presente en la constante preocupación sobre la percepción y en temas específicos como sucede con la representación y la interpretación, con la diferencia entre las palabras y las cosas. Los nombres, las representaciones, las grafías, son también necesarios, son también lo nombrado. Nombrar, representar, dibujar, significa que no se está transmitiendo una realidad mecánicamente, en espejo, sino que se está interpretando. La construcción de la mirada mediatizada por la subjetividad o por otros conocimientos, está constantemente presente en la arquitectura.
La exactitud del registro debe estar inscripto en la constante interpretación o en la perseverante construcción. La búsqueda de la objetividad o exactitud del registro lo destruye y dificulta a la vez. La reflexión sobre la percepción, la puesta en escena de la subjetividad en construcción, la aceptación o destrucción del sentido común, el registro de lo contingente, de lo aleatorio de la intervención humana, en relación estrecha con la naturaleza, la diversidad de puntos de vista, desarticulan la linealidad de la representación-interpretación y ubican el intento de reflejar la realidad en otro plano epistemológico, donde se relativiza la relación entre el observador y lo observado y donde la paradoja, o aparente paradoja, entre exactitud y fluencia, entre unidad y diversidad se resuelve en la figura del arquitecto demiurgo: ¿creador, mediador o intérprete? ¿Invención o doctrina? Para Juan Borchers no todo lo que se hace hoy como 'moderno' es por ese solo hecho arquitectura, según él para serlo no basta "la importancia del edificio sino que sea pensado de una determinada manera coherente dentro de una doctrina; y no el volumen, ni el valor técnico, ni los materiales, ni los elementos usados (siempre en cada caso menores que los de una obra pura de ingeniería y hay que comenzar a distinguir entre la proeza técnica y el pensar arquitectónico; como hay que distinguir entre una proeza instrumental y el pensar musical)."

El Taller de Teoría de la Arquitectura propone hacer perceptible esta diferencia en la arquitectura, se percibe cierta confusión y desorden en las nociones y en la sensibilidad; es así que se procura disponer elementos de juicio crítico y abrir la comprensión a cierto orden de problemas o "campos de abstracción"; abrir el campo a la duda. Arquitectura es proeza mental; luego también proeza material.







Eduardo Maestripieri



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