lunes, 11 de octubre de 2010

Citas de José Antonio Marina pensando en Paisaje y Mirada

1¿Cómo podemos hacer habitable la realidad? Lo hacemos, al menos, de tres maneras, que se despliegan como tres grandes ríos procedentes de un manantial común. Convertimos la realidad en morada
explicándola,
transfigurándola,
transformándola.
De lo primero se encarga la ciencia, de lo segundo el arte, de lo tercero la ética. ¿Cuál es la fuente originaria?
*Pienso sobre estas cosas en San Sebastián, junto al Peine de los vientos, de Chillida. El mar está encrespado, como está encrespada la melena rubia de una muchacha que quieta contempla el mar. Me fascina la áspera disputa del agua con la roca. No se cansa el mar de intentar convencer a la piedra de que él es el mar. El aire se fragmenta por la efímera plenitud de la espuma.
Cabalgando llegan las olas, al galope, en escuadrones desbocados. Ahora comprendo por qué los antiguos creyeron que los caballos eran hijos de Poseidón, el dios de las aguas vivas. Divinizaron una metáfora perceptiva, que es el colmo de la altivez poética. Contemplo con admirado desasosiego el poderío del infinito mar, dotado de una enigmática elocuencia que no entiendo. Tanta belleza no puede ser casual ni muda. Fingiendo una humildad que no siento, me digo que el mar es más amplio que la inteligencia y pretendo poner punto y final.
Sin embargo, la inteligencia no claudica ante lo real, por inmenso que sea, sino que inventa modos y maneras de captarlo, comprenderlo, darle un significado. La actividad creadora consiste, precisamente, en esa humanización del universo mediante la poesía, el arte, la ciencia, la ética.
El mar sigue ahí, insobornable, inagotable, desmemoria do, haciéndose y deshaciéndose sin parar. La poesía intenta adueñarse de él, expresando, por ejemplo, su inquietud:
Dice que sí, que no,
dice que no, que no, que no,
dice que sí, en azul,
en espuma, en galope,
dice que sí, que no.
Una altanera ola acaba de golpear la piedra engarfiada de Chillida. El poema de Neruda ya lo había descrito por anticipado:
Con siete lenguas verdes
de siete perros verdes,
de siete tigres verdes,
de siete mares verdes,
la recorre, la besa,
la humedece repitiendo su nombre.
Oh mar, así te llamas.
No es la poesía la única astucia de la inteligencia para aprehender la vivacidad del mar. El dibujo también se empeña en esa desmesura. Desde niño me ha emocionado su capacidad para vencer la complejidad con la humilde sabiduría de un trazo. He pasado muchas horas intentado dibujar el esquivo perfil del oleaje, y he de reconocer que con poco éxito.
Pero ni la expresión poética ni la representación gráfica acaban de saciar el poderoso afán de la inteligencia, que quiere, además, comprender lo que pasa. Así surge una nueva poesía: la poesía del conocimiento. Ahora nos parece que ambas cumplen funciones irreductibles: la poesía ex-presa, la ciencia ex-plica. La semejanza de ambas palabras, ese prefijo común que designa la salida del hontanar, debería ponernos sobre aviso.
En su tenaz esfuerzo por entender la realidad, los hombres han explicado los fenómenos incomprensibles del mundo perceptivo sirviéndose de los fenómenos comprensibles del mundo perceptivo. Ésa es una de las funciones de la metáfora. Ésa es una de las funciones de la mitología, que es un intento de comprender realidades misteriosas a partir de realidades cotidianas. Para los antiguos, la Vía Láctea nació por que del pecho de la diosa Juno se escaparon unas gotas de le che cuando su bebé dejó de mamar. Las estrellas eran las salpicaduras de esa leche divina en el manto celeste: una anécdota doméstica.
La conclusión nos parece poco científica, pero no podemos olvidar que la ciencia nació de ese mismo impulso por explicar, por aprehender, por humanizar conceptualmente la realidad. En su origen, la ciencia fue y es una actividad poética que busca conocer. Nos conviene recuperar este origen común, que Machado, el humilde e inteligentísimo poeta, vio con claridad:
De la mar al percepto,
del percepto al concepto,
del concepto a la idea.
—¡Oh, la linda tarea!
De la idea a la mar,
y otra vez a empezar.
La ciencia, como la poesía, es un proyecto de expresión. La única diferencia es que el lenguaje científico tiene unos procedimientos de corroboración que la poesía no se exige. Pero es también una gigantesca invención de la inteligencia, que urde hipótesis y teorías acerca de la realidad, y va al encuentro de ella para ver si sus creaciones son lo suficientemente perspicaces y precisas. A la realidad la trae sin cuidado que exista el científico, está siempre más allá. Sólo podemos conocerla a la manera humana, inventando sistemas de conceptos para hacerla navegable y comprensible. «Poéticamente habita el hombre la tierra», dijo Hölderlin.
Si en vez de fijarnos en los resultados atendemos a la inteligencia que los produce, encontramos un mismo patrón de actividad en la creación literaria, plástica, científica, deportiva, ética. La inteligencia humana se seduce a sí misma desde lejos, con un proyecto que va más allá del círculo rutinariamente previsible. Crear es producir sorpresas eficientes. Su eficiencia consiste en alcanzar la meta. Su valor depende del valor del proyecto. La ciencia tiene como meta crear la verdad. El arte, la belleza. La ética, la bondad. Verdad, belleza, bondad son frutos magníficos de una inagotable y fantástica poesía.

1Crónicas de la ultramodernidad, José Antonio Marina, Barcelona, 2000, Anagrama.

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