jueves, 22 de septiembre de 2011

Homenaje a Claudio Caveri

(recibido el 20 de septiembre)

"Ayer por la noche Claudio Caveri a los 83 años ha partido sereno, acompañado del afecto familiar.
El sábado 24 del corriente a las 18 hs. se rezará una oración en la Capilla María Madre de la Iglesia sita en B. Caveri (ex. Cervantes) y B. Roldán Cruce Castelar Moreno."
Esteban Caveri


  
“Y es que América es un problema de sujeto o sea en primer lugar un problema ético, de autenticidad.”[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
Entonces… ¿Modernidad apropiada?- Sí, pero mejor modernidad fagocitada, porque al final no sólo es cuestión de razonabilidad, sino de biología. Ya que encontrar lo pertinente a nuestro contexto, a nuestro tiempo y a nuestra realidad social no es una operación puramente visual o racional sino de inteligencia encarnada y sintiente, esa que asimila y elimina, que mastica, ensaya y crea.[1].


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
Es lo que no se banca, ese cruce doloroso y ambiguo entre la visión lucida y horizontal de las causas y el juego vertical de lo innombrable.”[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
Ya Teilhard de Chardin pensaba a diferencia de los idealistas y de los materialistas (las dos caras de la misma moneda Europea). “Que las cosas tienen su interior, un cuantum de “ser a sí”” (sujeto). Esa energía, esa pasión propia, ese “adentro” no le es dado desde afuera, ni es una parodia o simulacro, sino que es la propia energía que se manifiesta en el campo como un sistema autorregulado y en la solidez del estar siendo.[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
no es difícil comprobar que todo lo que hagamos, ya sea en el plano de lo social, lo cultural, lo político, lo cotidiano, se rodea de una extraña aureola de descrédito que lo desvirtúa. Hay un divorcio entre lo que queremos ser colectiva e individualmente y lo que en realidad somos: Esto último que se llamó inconsciente social, inacción o sinrazón, es intuido aquí como un contrapeso que recarga la libre evolución de nuestra realidad. Encarna una realidad muy honda, que hace que sus contrarios –la conciencia, la acción y la razón-, todo aquello que creemos estar elaborando, manifiesten sus estructuras ficticias al menor análisis.[1].


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
El paisaje se agiganta en el largo trayecto que va de la palabra a su realidad. La distancia convencional de su objetividad, del simple estar presentes el árbol, la llanura el río se supera. Detrás de su grafismo, iluminado por rasgos y colores, cierta hondura roza el extremo común a nuestra existencia y el mundo.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
Una teoría de la arquitectura no es sólo un fenómeno analítico que se interna en la estructura lingüística, es también atreverse a mirar y sentir el engendramiento metido en el fenómeno lingüístico propio de la tradición arquitectónica. Por eso no es legible sólo por un análisis de sus relaciones de sus significantes –cuestión sintáctica-, sino a través de su génesis. No basta, en fin, con su localización euclidiana en su contexto, no basta la linealidad de los sistemas concatenados, no basta la ley retórica. El texto, la obra concreta, el lugar de engendramiento, su tiempo, es el centro, el punto, el lugar, que ningún racionalismo puede leer si no se interna ‘sintientemente’ en el estar ahí de la obra.[1].


[1] Caveri, Claudio. Mirar desde aquí, o la visión oscura de la arquitectura. Buenos Aires: SynTaxis, 2001.
Entonces, lo que se diluye en el aire son los mitos, las utopías, las teorías, los paradigmas, las visiones del mundo, porque en el fondo son una libre construcción. Construcción que tenemos el pleno derecho de hacer, siempre que aceptemos que no son el reflejo de la realidad. Tampoco podemos pretender que entren en una relación critica, sino ser sencillamente un esbozo provisional y operativo, una carta de ruta que nos permita movernos y crecer.”[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
El paisaje subvierte así el sentido del ser. Le opone al ser, al espejo cristalino de su mundo ordenado, la sin-razón que lo quiebra por rebeldía y autismo, por una imitatio dei que encierra en su seno los vectores de infinitas posibilidades de existencia. Y esta posibilidad absoluta pone un telón de fondo a la definición del paisaje.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
La realidad implica posesión, apoyo, sentimiento de bienestar, que la ficción no puede dar. En la realidad, la vida parece concluir un ciclo, por el que alcanza su máxima expresión en cosas, objetos y hechos donde, por así decir, se visualiza. De esta manera, como lo pedía Herder, una canción popular mantiene una conexión de carácter con la realidad definida del derecho o la arquitectura, por cuanto estos son la explicitación de una realidad hondamente vivida por las capas inferiores del cuerpo social. Esta conexión se da únicamente cuando existe una voluntad de forma que no es perturbada.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
mientras en el indígena el planteo hombre-espacio involucraba una plenitud creada por el hombre mismo, entre nosotros ese mismo planteo encierra una frustración, precisamente la de no contar con ninguna clase de arraigo. No hemos dado aún la respuesta práctica y vital, por no decir económica, a la cuestión de vivir en América.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. “Anotaciones para una estética de lo americano” en Obras Completas. Rosario: Fundación Ross, 2003.
si no aceptamos la impureza de lo real y la solidez del estar siendo, nos queda el correr tras quimeras que se disuelven en el aire.”[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.
para estudiar al hombre americano y a América en su peculiaridad y su autenticidad, se pasa en cierta manera del terreno del ser –tal como lo entendemos con nuestra mentalidad semieuropea- al no ser. Y verlo desde la vida y desde el paisaje y no desde la norma, desde el ente y no del ser, o sea desde su medio, su ámbito vital significa abrir la puerta opuesta al ser y prender al hombre, a cualquier hombre, por su antinomia.[1].


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
conviene hincar bien nuestro pie en el lugar en que nos hallamos y aventurarnos, por fin, a desarrollar nuestros propios sentidos, para entrar sin miedo en ese nuevo mundo pos-iluminista, oscuro si se quiere, pero no oscurantista, ya que apuesta no al abandono de la inteligencia sino al desarrollo de su sensibilidad frente a lo concreto.[1]


[1] Caveri, Claudio. Mirar desde aquí, o la visión oscura de la arquitectura. Buenos Aires: SynTaxis, 2001.
La función primordial de la historia estriba en crear una primera autoconciencia de la comunidad, el primer atisbo de su integridad óntica como pueblo, porque al rastrear el ser y el no ser de ella en el tiempo recoge todas las fuerzas del pasado, todos los grados de libertad dejados en el pasado.[1]


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
Esa verdad lógica de la coincidencia consigo mismo desemboca en una realidad ontológica por cuanto significa una autenticidad vital, una modalidad que se debe dar “aquí y ahora” en la América actual. Poco importa su contenido. La autenticidad –entendida así- puede recorrer toda una escala de valores probables e incluso antagónicos.[1].


[1] Kusch, Rodolfo. La seducción de la barbarie, análisis herético de un continente mestizo. Rosario: Fundación Ross, 1983.
Ya, a esta altura, ningún intento teórico puede pretender ser el fiel reflejo de la realidad y es hora de enterrar ese piadoso deseo del siglo de las luces, que todavía rige el estatuto moral de los intelectuales de la modernidad y nuestros émulos locales. La obsesión obscena por alcanzar el secreto de la realidad, resulta inversamente proporcional a la posibilidad de lograrlo jamás.”[1]


[1] Caveri, Claudio. Surtectura. Buenos Aires: Carlos Calle, 1991.




2 comentarios:

  1. Excelente artículo y excelentes fotos. El 20 de octubre se le rendirá un homenaje en la SCA en una mesa redonda. Saludos!

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  2. Un gran maestro, siempre estará presente
    Cristian Werbach

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